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Open Access Autoinmunidad tiroidea&58; Recuerdos personales (1957-1959)

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<&59;p>&59;<&59;em>&59;He creído importante transcribir estas reminiscencias, pues hacen parte del sudor y esfuerzo que muchos colombianos hemos brindado para contribuir con nuestro grano de arena a investigaciones que, en la segunda mitad del siglo XX, transformaron y dieron nueva luz al pensamiento inmunológico.<&59;/em>&59;<&59;/p>&59;<&59;p>&59;Puede decirse que en la segunda mitad de la década de los años 5Os se vivió una de las épocas más excitantes en el Departamento de Medicina del Columbia- Presbyterian Medical Center (Presbyterian Hospital o PH) en la calle 168 de la ciudad de Nueva York. El Director (Chairman) del Departamento era el Profesor Robert F. Loeb, uno de los internistas más prestigiosos del mundo, coautor del texto de Medicina Interna de Cecil Loeb, la biblia médica para los no iniciados. Alrededor de él se congregaba -como podía observarse los martes en las Clínicas Endocrinas Combinadas, celebradas en el enorme torreón o anfiteatro que databa de comienzos del siglo- la élite del conocimiento médico y científico, personas que sacaban tiempo de sus investigaciones para dictar las diversas cátedras&58; Severo Ochoa -el Premio Nobel español, tan adusto como su nombre- en genética, -proveniente del New York Hospital que compartía con Presbyterian y con Bellevue el triunvirato de la medicina interna y las clínicas combinadas-&59; Sydney Werner y Ken Sterling (tiroides), Dana Atchley (electrolitos, cetoacidosis diabética) y Seymour Lieberman (suprarrenales) en endocrinología&59; Franklin Hanger en Hepatología&59; Beatrice Seegal en inmunología y transplantes&59; y, por supuesto, como profesores visitantes, Salomón Berson y Rosalyn Yalow (diabetes) procedentes del Hospital de Veteranos del Bronx, sin contar con los innumerables profesores asistentes o visitantes, más jóvenes, que después brillarían con luz propia. Se asistía no sólo a la primera infancia de la nueva genética (nacida con la doble hélice de Watson y Crick en 1953) sino del atrevido concepto de la enfermedad autoinmune. Ambos conceptos venían rompiendo dogmas establecidos por casi más de un siglo y que había definido Ehrlich, el padre de la inmunología humoral, con el término latino de horror autotoxicus.<&59;/p>&59;<&59;p>&59;Efectivamente, desde 1951, J. MacFarlane Burnet y Peter Brian Medawar habían lanzado el concepto de la tolerancia inmunológica&59; las brillantes disquisiciones teóricas de Burnet sobre selección clonal de linfocitos habían sido seguidas de los elegantes experimentos de Medawar y Billingham, primero con trasplantes de piel y luego de otros órganos. A partir de 1955 ambos habían sido invitados a dar conferencias en el Columbia-Presbyterian sobre los primeros esbozos de la enfermedad autoinmune y la tolerancia inmunológica, conceptos que les valdrían el Premio Nobel de 1960.<&59;/p>&59;
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Document Type: Research Article

Affiliations: Academia Nacional de Medicina

Publication date: January 1, 2011

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